Lectura Lunes, 17 de julio

Lectura Lunes, 17 de julio

Querido peregrino,

¡Hoy has iniciado la cuarta semana de ruta! La etapa de hoy es de las más cortas de toda nuestra peregrinación… ¡te habrá sentado como un bálsamo de ternura y de misericordia de Dios! Con todo, estáis realizando esta peregrinación a una velocidad estrepitosa. Aprovecha hoy para descansar y para meditar con más tranquilidad todo lo que está significado esta peregrinación.

Seguro que el resto de peregrinos ya son, para ti, algo más que simples compañeros de ruta. Cuatro semanas junto a ellos te habrán ayudado a descubrir la verdadera riqueza que tiene cada uno de ellos… ¡incluso aquel del que, tal vez, menos esperabas! Después de todos estos días de camino, ya conoces sus virtudes y sus defectos, pero seguro que, por encima de todo ello, has empezado a querer a la gente por lo que es verdaderamente.

Esta peregrinación te tiene que ayudar a descubrir, precisamente, lo que yo descubrí a lo largo de los cuarenta años que viví junto a mi pueblo: las relaciones personales son profundamente enriquecedoras cuando las vivimos desde Dios, cuando no instrumentalizamos al otro, cuando somos capaces de mirarlo con una mirada limpia.

A lo largo de los últimos días, te he ido relatando el gran acontecimiento de las plagas de Egipto. El faraón, encerrado en sí mismo y dando la espalda a Dios, dejó que Egipto se viese castigada por una serie de calamidades. El pueblo que se separa de Dios, tarde o temprano acaba divinizándose a sí mismo y divinizado realidades temporales que no pueden hacer feliz al corazón. Como ves, las plagas, de ayer y de hoy, más que castigos de Dios, son castigos que se autoinflige el propio hombre cuando se desvía del camino que le debe llevar a ser aquello a lo que realmente ha sido llamado.

Recuerda cómo, días atrás, te hablaba del modo en que divinizamos la propia imagen, lo cual nos lleva a estar obsesionados con quedar bien y aparentar ante los demás. También te he hablado de la divinización del dinero, y de todo aquello que, aparentemente, nos da una seguridad material. El narcisismo y el materialismo son plagas más sutiles que las que asolaron Egipto en tiempos del faraón, pero no dudes que son tan dramáticas y destructivas o más que aquellas.

Pero existe, hoy en día, una tercera gran plaga que esclaviza y destruye a la persona, incluso más que las anteriores: el erotismo y la sexualidad mal vivida. No te descubro nada nuevo si te digo que vives en el seno de una cultura hipersexualizada, en la que el gran regalo de la sexualidad que Dios ha dado al hombre se ha visto desvinculado de su sentido originario.

En la sociedad de hoy, se ha producido una ruptura evidente entre sexualidad y amor, provocando, con ello, una grave ruptura en el interior del hombre. La dimensión sexual del hombre se ha convertido, de un modo generalizado, en un mero instrumento de placer personal, eliminándose, así, el sentido primordial de donación amorosa que posee. De esta manera, una de las expresiones más sublimes y bellas del amor humano ha pasado a convertirse en un simple medio para satisfacer los propios deseos e instintos.

La instrumentalización de la sexualidad humana conlleva, inevitablemente, una instrumentalización del cuerpo y, también, de los demás. El propio cuerpo y el cuerpo ajeno quedan cosificados, y se distorsiona por completo la mirada que tenemos hacia el otro, en el que ya no vemos a un alguien a quien amar, sino a un “algo” de lo cual servirme para la propia satisfacción.

Una de las manifestaciones más perversas y peligrosas (a la vez que extendidas) de esta gran deformación de la sexualidad humana del mundo de hoy es la pornografía. Tienes la posibilidad de acceder a este contenido de un modo ilimitado y en cualquier lugar. El sexo se ha convertido en un producto de consumo y en un gran negocio que enturbia la mirada y embota el corazón. Solo así se puede comprender lo que está sucediendo en el mundo de los adolescentes, donde cada vez son más los casos que nos llegan por las noticias de abusos a menores.

¡Cuántas heridas genera la mala vivencia de la sexualidad! La pornografía y la hipersexualización de la cultura actual están aniquilando la capacidad de amar del hombre de hoy. Y una persona prisionera o adicta al sexo no solo está incapacitada para la felicidad, sino que, además, acabará destruyéndose a sí misma y maltratando a aquellos que le rodean.

Querido peregrino, no tengas miedo de afrontar posibles problemas o situaciones relacionados con la cuestión que hemos tratado hoy. Si lo necesitas, ¡pide ayuda! Esta es una plaga tan destructiva como silenciosa. La vergüenza puede ser muy traicionera en estas cuestiones, pues los problemas que no se expresan ni se afrontan, tarde o temprano se enquistan. Sé valiente y te aseguro que no solo no te sentirás juzgado, sino que, desde el primer momento, sentirás el alivio de poner en manos de Dios una carga que puede ser muy pesada.

¡Qué hermosa es la sexualidad humana cuando forma parte integrante del amor! El don del propio cuerpo está hecho para ser entregado, no solo para ser gozado. Si la sexualidad no es vivida desde la castidad, acaba enturbiando nuestra mirada hacia el otro. Y es entonces cuando la masculinidad y la feminidad dejan de estar al servicio del amor. Solo si vives la sexualidad de una manera integradora, serás capaz de tener una mirada limpia hacia las personas y no las reducirás a un simple objeto de deseo o atracción. Ama mucho la sexualidad, porque forma parte de tu ser persona.

Moisés

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