Lectura Viernes, 14 de julio

Lectura Viernes, 14 de julio

Querido peregrino,

La vocación, como la etapa de hoy, es un largo camino que no sabes lo que te deparará. Sean cuales sean los barruntos de tu corazón, tienes que ser consciente de que vivirás siempre en una profunda incertidumbre. Quizás afrontes la etapa de hoy, en la que te enfrentas a la espeluznante cifra de 40 kilómetros, con los mismos miedos e inseguridades que viví a lo largo de toda mi existencia, desde mi tierna infancia.

En el momento en el que Dios me habló claro, explicándome todo lo que debía hacer y cómo debía liberar a su pueblo de la esclavitud, dudé. No vi claro que yo fuera a ser capaz de una misión tan grande. Como ayer te decía, no contamos solo con nuestras fuerzas, sino, sobre todo, con la ayuda de la Gracia. Pero eso, en un primer momento, no evitó que tuviera una larga retahíla de excusas como respuesta para evitar ese camino que no era fácil.

Aun así, ante todo lo que le decía, Dios insistió y persistió en el plan que me tenía preparado. Dijo que pondría a mi lado a Aarón para que me acompañase ante el faraón para no estar solo. Cuando, por fin, asumí dicha responsabilidad, fui consciente, por primera vez, de que el futuro me depararía grandes tribulaciones, pero que debía aceptar Su voluntad si quería ser verdaderamente feliz.

Muchas veces podemos tener la tentación de pedirle a Dios que nuestra vida sea regalada, intentando amoldar a Dios a nuestros planes. Yo ya tenía una vida tranquila, junto a mi mujer y la familia que empezábamos a formar. Por otro lado, poco a poco, empezaba a superar el desaliento en el que había caído al errar tiempo atrás y matar a aquel hombre… No había sido un camino fácil, pero parecía que todo empezaba a calmarse, y que la vida me daba la oportunidad de volver a empezar y de hacer las cosas bien. Precisamente, por eso, no terminaba de comprender por qué, otra vez, el Señor me pedía salir de mí mismo y asumir esta nueva realidad que se presentaba ante mis ojos. Mas confié en Él y decidí regresar a Egipto, la tierra que, tiempo atrás, había sido mi hogar.

Por el camino, pues, me encontré con Aarón, y le conté los planes que Dios me había detallado. Juntos, fuimos al encuentro de los israelitas, su pueblo elegido. Aarón, tomando la palabra, les refirió todo lo que el Señor me había dicho e hizo prodigios en presencia del pueblo para que este creyera. Para mí, fue un alivio y una gran alegría ver cómo el pueblo, frente al desasosiego y extenuación por las duras reprimendas de los egipcios, respondía al Señor con confianza y fe, postrándose y adorándole, al ver que había escuchado sus oraciones; una respuesta muy distinta a la que yo había tenido al principio.

Precisamente en ellos, en su humildad y gratitud, teniendo en cuenta la crudeza y dificultades de su vida, descubrí que Dios siempre está presente en la realidad humana, que no nos abandona. Por muy miserable, dura o complicada que pueda ser nuestra vida, Él sale a nuestro encuentro, y nos quiere acompañar. Fue, de esta manera, a la luz de la actitud de los israelitas, que empecé a estar dispuesto a sufrir por amor a Dios y a su pueblo, que se convertiría también en mi pueblo. Porque si Dios estaba con nosotros, ¿qué nos podía faltar?

Estoy seguro, querido peregrino, que tú también has vivido dificultades, contrariedades y situaciones en las que te has podido llegar a ver sobrepasado. Ante esta realidad, ¿cuál ha sido tu actitud? ¿Esperas que Dios te ahorre las dificultades? Debo decirte, como comprobarás en las siguientes cartas, que mi vida no ha sido fácil, que muchas veces ha estado marcada por el sufrimiento e, incluso, por las dudas y la incertidumbre. Pero puedo decirte, con total convicción, que cuanto más me he abandonado en las manos del Padre, aun no entendiendo por qué me pedía lo que me pedía o por qué me tocaba vivir esa realidad, más feliz he sido.

Al final, Su voluntad es (y así debemos creerlo) nuestra felicidad. ¿Crees que Dios querría algo para nosotros que nos haga infelices? Puede que a veces prefiramos quedarnos en nuestra zona de confort. ¿Eres capaz de salir, pues, de tus comodidades, como hice yo, para llevar a cabo los planes que Dios ha pensado para ti? No digo que el camino sea fácil, igual que la etapa de hoy tampoco lo será. Pero, si confiamos en Él y dejamos que nos guíe y sea nuestro compañero de ruta, ten seguro que, entonces, encontraremos la felicidad.

Moisés

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